sábado, 30 de diciembre de 2017

Conociendo a Pauline Schäfer

                                                                                                   Pauline Schäfer (Christoph Busse)

Artículo original


Con una gran fuerza de superación, Pauline Schäfer ha conseguido ser campeona del mundo en barra. Una ayuda económica de 300 euros y ser parte del ejercito alemán le permiten seguir entrenando.
Esto es un reportaje de gimnasia desde Chemnitz.

Una mujer joven vuela entre las bandas. Un pequeño impulso de cadera le permite catapultarse al aire. Debe ser un estado de ingravidez, representado en su faceta más acrobática. "Lo fascinante de la gimnasia es seguir haciendo lo mismo y esperar más" me dirá más tarde.

Una joven está saltando sobre la barra. Ha alcanzado una victoria de proporciones históricas en este aparato, pero algo desafiante la tira una y otra vez. La primera vez se traga su rabia. La segunda se agacha como si su decepción le pesara. "Todo es una relación amor-odio, un ciclo sin fin del que no puedes salir" dirá después.

No pasan cuatro minutos entre los ejercicios de asimétricas y barra. Nos muestran los extremos emocionales de este deporte, el contraste de la alegre facilidad y la total falta de control a la que toda gimnasta está expuesta. Incluso las mejores, como Pauline Schäfer, quien sólo tiene 20 años, es una de las que vuelan sin esfuerzo y caen a plomo.

Desde el ocho de octubre de 2017, es campeona del mundo. La primera desde Dörte Thümmler en 1987. En la época de Thümmler el presidente todavía era Erich Honecker (antiguo líder de la RDA, disuelta en 1990).
Cuando se anunció el premio al deportista del año en Baden-Baden el 17 de diciembre, Pauline Schäfer era una de las favoritas. Eso dice mucho de la dificultad de su deporte, pero todavía hay un pregunta sobre está remarcable victoria, que acecha.
¿Mereció la pena?

Chemnitz, distrito de Bernsdorf, un martes lluvioso de finales de otoño. Las iluminadas torres del estadio de fútbol parecen esqueletos en el cielo. Junto a él: un pabellón de atletismo, dos gimnasios, un centro de artes marciales, una residencia y una escuela deportiva. El campus exuda el gris encanto de la funcionabilidad. Esa es la impresión que emerge de la antigua Karl-Marx-Stadt (antiguo nombre de Chemnitz en tiempos de la RDA), antigua cuna de talentos deportivos de la RDA, nunca a dejado de existir.

Schäfer, con deportivas, leggins de entrenamiento negros y una chaqueta deportiva negra, llega a los cuatro metros cuadrados de cocina del gimnasio a las ocho de la mañana con un batido en la mano.El entrenamiento empezará en una hora, no hay tiempo que perder, incluso a final de temporada.

Este verano empezó a hacer el Abitur (la selectividad alemana) en una escuela nocturna. En su cuaderno: ecuaciones y términos matemáticos, así como interpretaciones de poesía en alemán. Ha anotado un supuesto acróstico. "No tengo ni idea de por qué la gente lo hace" dice con una débil sonrisa hundiéndose en la silla. No es hasta medianoche cuando se apagan las luces en su dormitorio.

Se ha acordado con ella una visita al centro olímpico. Durante dos día se podrá ver lo que hizo Pauline Schäfer, nacida el cuatro de enero de 1997 en Saarbrücken-Dudweiler, deportista de talla mundial. Gimnastas y entrenadores hablan abiertamente de la belleza y adversidades de su deporte, que sería inimaginable en el mundo del fútbol dominado por el dinero.

Schäfer parece más descansada que en nuestro primer encuentro a pesar de una noche corta. Aún así una aura de agotamiento la rodea. Su vida ha ido demasiado deprisa desde el título mundial de Montreal. A mediodía hay sesión de fisioterapia y después dar gracias por el apartamento de renta reducida que le dio una empresa constructora. Y así han sido durante semanas, día tras día, una y otra vez.

Puede exigirse mucho a sí misma, hasta el límite del agotamiento, una ambición que arde en su interior. Comenzó la gimnasia con cinco años, a los siete se fue a la sede de Saarbrücken, donde el entrenador Sergey Slastnych le enseñó las bases. Todos los días, su made, Liane Betz, llevaba a la pequeña Pauline al colegio hasta que pasó al instituto de Rotebühl, una de las escuelas deportivas de élite. A las seis de la mañana monta en el autobús y no vuelve hasta entrada la tarde. "No creo que haya sido tan horrible, es lo que quería" dice hoy.

Todo iba bien, hasta la pubertad. Allí llegaron los miedos a hacer mortales hacia atrás. Su entrenador reaccionó con dureza cuando Pauline esperaba empatía. Se volvió más calmada y callada. Hasta que su madre dio un paso al frente. "Esta claro que cuando un niño sufre, se ha acabado" dice. ¿Acaso se preguntaba si los entrenamientos eran demasiado para su Pauline? "Nunca la obligamos, mi mantra es que vaya por el camino que quiera".

El traslado a Chemnitz fue un intento de volver a empezar en un deporte en el que Schäfer aún no había dicho la última palabra. Llegaba tarde, posiblemente demasiado, sus nuevos entrenadores también lo creían.

Una tímida chica de 15 años fue aceptada en el centro olímpico de entrenamiento del este, y recibía sus ordenes de manera calmada.

Schäfer se traslado a la residencia, viviendo en una desértica habitación de doce metros cuadrados con una compañera con tan solo un metro de separación entre sus camas. Schäfer añoraba el cobijo de su gran familia, sus cuatro hermanos. Un año después la siguió su talentosa hermana Helene, en ese momento de doce años.

Helene es también quien acompaña a Pauline Schäfer al gimnasio a las  9:15. La sala recuerda a una imagen de objetos perdidos, como en los libros para niños.  No hay un solo centímetro de suelo que no este cubierto por colchonetas, barras o asimétricas. A las 9:30 las colchonetas quedan pobladas por docenas de niñas y jóvenes de entre doce y veinte años.

El grupo más joven ya ha tenido sus sesión matutina, a las siete de la mañana.
Son chicas apenas de primaria, que acaban de hacer veinte dominadas en las barras. En seguida queda claro lo increíble que ha sido Schäfer, incluso antes. Y porque dicen "Cualquiera que pueda hacer eso se merece el mayor de los respetos. ¿Quién tiene hoy el valor de irse tan lejos de su casa?"

Al principio, Schäfer se pone un peso de 50 tras ella para fortalecer los músculos de sus piernas. Después de eso, sentadillas en  la barra. Es su programa básico. A las 10:40 cuando termina el ejercicio completo después de unos minutos y sin ningún fallo una sonora voz de mujer resuena de fondo "Muy bien, es suficiente por hoy" Es la voz que Schäfer ha seguido durante los últimos cinco años, pertenece a Gabriele Frehse, la principal entrenador del centro olímpico.

Sin exageración, Gabi, como la llama Schäfer, puede ser descrita como la arquitecta de su ascenso. "No lo podría haber hecho sin ella, estoy agradecida que me diese el empujón. Me hace falta una patada en el culo de vez en cuando."

Frehse, 57, lleva una camiseta que pone "Estamos increíblemente orgullosos de ti", con un corazón en el que pone "Pauline". Una retahíla de instrucciones acompaña al camino de Frehse por las colchetas.

Las condiciones de entrenamiento de sus protegidas son bastante complicadas: la sala es demasiado pequeña, el techo ya no es seguro. Tan pronto como empieza a acumularse la nieve, hay riesgo de hundimiento, no hay foso. Así que Frehse ha escrito una carta en nombre de sus mejores gimnastas, Schäfer y Sophie Scheder, dirigida al ministro federal de interior Thomas de Maiziere. Nuestra preparación olimípica está en peligro si nada cambia, escribe, ni más ni menos.
Frehse se preocupa de asuntos más allá del programa de gimnasia. Títulos mundiales en deportes minoritarios en la Alemania de 2017 sólo serían capaces con el incondicional apoyo de particulares.

Schäfer describe a Frehse como dominante: "Todo debe ir acorde al plan. No las cosas no van de la manera que ha imaginado, enfurece. Hay que visualizarla como una anfitriona estricta, demandando disciplina y obediencia, pero también irradia una cordialidad pura. A veces hasta hay abrazos."
"No encontraras a nadie que se quiera ir de aquí" dice de sus pupilas, refiriéndose al grupo "como una segunda familia de las chicas". Aparentemente esto también se aplica a ella.

Frehse ha aprendido su oficio de los exitosos entrenadores de la RDA como Walter Bernasch o Steffen Gödicke, y admite con una sonrisa que también "mira a todas partes para inspirarse". El de Schäfer puede ser el último título mundial que se base en la en su día exitosa promoción de jóvenes talentos de la RDA.

Schäfer ya había saboreado un primer éxito en 2015 con una medalla de bronce en el mundial, aún así su camino a lo más alto es un pequeño milagro. Por ejemplo, las estadounidenses entrenan como mucha más intensidad que ella y dice sin ninguna emoción "Ninguna de nosotras podría soportar eso, tienen muchas más posibilidades en términos de recuperación, no hacen otra cosa que gimnasia" ¿Qué papel juega el doping?

La recuperación se puede acelerar con las sustancias apropiadas, contesta Schäfer, hablando en general, pero no quiere que se entienda como una acusación al equipo.
La actuación de Schäfer en el mundial no se ha basado en términos de dificultad pero Schäfer es una gimnasta muy elegante, explica su entrenadora, Frehse. "El autocontrol ahora juega un papel más importante en la evaluación" También está el carisma de Schäfer, nacido de la auto-motivación, que la alzó por encima de las otras gimnastas.

Las 10:50, la maldita barra. Es necesario practicar nuevas partes de su ejercicio. Empiezan los problemas. Schäfer tuvo una de sus lesiones más serias en este aparato, aparte de los difusos problemas de espalda que la han acompañado desde el verano. Hice un un mortal gainer y quedé muy cerca del final de la barra, así que me abrí el muslo porque la tapa del final de la barra también se cayó. Después del entrenamiento, saca el móvil, la imagen de un muslo que parece haber sido arrollada por un tractor aparece en la pantalla. La autocompasión nunca ha parecido ser parte de la cultura gimnástica.

"Tuve problemas durante bastante tiempo, dejé de entrenar ese elemento." Dice que ya se golpeó en la cabeza durante un doble mortal en 2010. Una contusión y un colapso circulatorio fueron el resultado. "Pensaba que estaba en el océano" Se llama a sí misma "una cobarde por naturaleza"

12:30, Schäfer va al banco. Suficiente por esta mañana. Actualmente recibe 300 euros de ayuda deportiva, además de 150 euros de un patrocinador: un concesionario que le ha dado un pequeño coche. "Tienes que aceptar lo que te dan" dice camino del aparcamiento. Al final son 1200 euros al mes lo que recibe por ser miembro del grupo deportivo del ejercito que es lo que la mantiene a flote.
Quiere continuar hasta los Juegos de 2020; sólo tendrá 23 años y toda una vida de deportista a las espaldas. Gabriele Frehse piensa que ya va siendo hora de que "Pauline viva un poco"
Pauline Schäfer concluye que no se arrepiente de nada, ni del trabajo monótono, ni del traslado, ni las visitas al cine. "Nunca he sentido estar renunciando a nada. La gimnasia, la competición, es lo que siempre he querido hacer. He conseguido más de lo que nunca he soñado"

Agradecimiento especial a Holger por su ayuda en la traducción de este artículo.

1 comentario:

  1. Gracias por compartirlo, me encantó leer algo más sobre ella.
    Un beso y feliz año! <3

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